PINTORES:
Edward Hopper
¿Era Edward Hopper el pintor de la soledad? Da la impresión de que sí. Muchos de sus cuadros parecen estar impregnados de ese estado y de una gran asepsia emocional. Cualquier personaje de Hooper parece estar reflexionando sobre algo que un día fue suyo, y que ahora sólo puede plantearse como algo externo, y que no hay mejor manera de demostrar que aquello fue importante que alejarse hacía las sombras, aunque les cueste hacerse a la idea de que lentamente se van deslizando hacia la oscuridad total.
Y si hay un retrato sobre la soledad, no hay otro como el reflejado en el cuadro Nighthawks, ese bar de bebedores solitarios en la esquina de una anónima ciudad norteamericana al caer la noche, aunque sea algo que Hooper consigue plasmar en muchas de sus obras. Parece que el artista quiere decirnos: se nace solo, se muere solo, y se corre el riesgo de vivir solo.
William Turner
A finales de 2014 se ha estrenado en España una película sobre William Turner, un pintor inglés a caballo entre los siglos XVIII y XIX. Turner fue conocido como el "pintor de la luz", principalmente por los muchos atardeceres y amaneceres que plasmó en sus lienzos. En la película su última frase es: El sol es Dios, nos da una lectura de lo muy importante que era la luz del astro rey en muchas de sus inmortales creaciones. ¿Quién no se ha emocionado o disfrutado contemplando un atardecer? a casi todo el mundo le ocurre, pero Turner hacía algo al alcance de muy pocos mortales: lo capturaba. Conseguía retener en su retina aquella luz imposible y plasmarla en el lienzo. Era un mago, un artista como pocos capaz de inmovilizar la luz de la forma más hermosa y bella que se pueda imaginar. Si uno busca el atardecer de su vida puede encontrarlo en los cuadros de Turner, sin duda alguna.
Claude Monet
Claude Monet es de aquellos pintores que, cuanto más te alejas del cuadro, más claro empiezas a ver el conjunto; pero a medida que te acercas puedes ver los brochazos del pincel, la pintura casi en relieve. De tal forma que si pasáramos nuestra mano por el lienzo notariamos la pintura emplastada, una masa desigual que no parece decirnos nada, pero que bañada de luz y a la distancia adecuada nos mostrará una obra de arte, una captura de la retina del artista única e irrepetible en su conjunción con la madre naturaleza. En esta serie sobre paisajes de Sainte-Adresse el pintor no da una muestra de su arte y maestría a la hora de pintar el mar. Si con Turner podíamos encontrar el atardecer de nuestras vidas, seguro que con Monet podemos encontrar el oceáno que siempre soñamos.